sábado, 29 de junio de 2024

Découvertes

Me resisto, de nada sirve: siento un torbellino en el estómago, me obliga no a maldecir sino a soltar una flor con la palabra. Sonrió, continuó con lo que estaba haciendo. 
Creo que he soltado un manojo de ejemplos sobre los vicios del habla en tan sólo dos frases mientras le contaba un millón de cosas... ¿Será que todos se burlan de las muletillas como yo? 
Tengo un vicio recién descubierto: acercarme por ver si el calor de una mañana primaveral me permite oler su aroma. Hay una paz que me transmite poder verlo ya instalado en el aula cuando llego, especulando creo que debe llegar entre diez y cinco minutos antes que yo, y lo encuentro con ese mismo rostro siempre compuesto y amable, tan jovial él... Me hace volver a creer en la capacidad humana de los hábitos, y que estos finalmente, logran comprobar que las cosas pueden ser algo más que simplemente caóticas. Desde siempre me sentí abrazada por su calma, de cierta forma y sin decir nada me arropaba con su no-sé-qué. Confieso que al principio trataba de calcular el tiempo para ver si lo veía llegar, si lo encontraba, pero noté que sólo cuando no lo pensaba lo encontraba, y opté por dejar la decisión a esa fortuna del imprevisto. 
Días después, aparte de grabar en mi memoria su voz suave, descubrí que notaba demasiado el sonido de su ropa al moverse. 
La última vez que lo vi, le conté algo muy personal de mi infancia sobre un cerro, y en cómo ése montículo de tierra me parecía de lo más inalcanzable a esa edad, para que a mis treinta y tantos lograra alcanzar su cima; así mismo él me parecía de lo más inalcanzable. Recuerdo varias veces en clase, encontrarme distraída, por pensar en cómo sería besar sus labios finos. El día que descubrí que tenía una bella alfombra de vellos en el pecho, también me di cuenta de que podía sentirlos, y no solo eso, sino escuchar el sonido de mis manos recorrer todo su pecho, con él, situado ni más ni menos que a dos asientos de distancia. ¿Fantasía imposible? 
La última noche, descubrí el sonido real de su piel debajo de mis manos. Tal como lo había imaginado. Me dijo, con esa convicción de siempre: "lamento romper tu burbuja pero soy totalmente alcanzable, estoy aquí y ahora" Acto seguido, toma mi mano y me guía a recorrerle su barba. Desesperantes y agónicas ansias de tocarla... Esa sutil invitación llegó en realidad, y como en un embrujo me dejé llevar bastante lejos por esas imágenes que tanto fantaseaba. Parecía un deja vu. ¿Acaso es real? 
Me dijo dos veces que distaba mucho él de ser perfecto, creo que no entendió que me parecía perfecto para mí: parecía hecho para llegar a cubrir mi cintura con una sola de sus manos, parecía estar tan siempre listo para recorrer el asiento de cualquier restaurante con el brazo hasta lograr llegar a cubrirme de todo el caos y el ruido, decirme cosas que yo hace mucho no me decía y recordarme las cosas que sobre mí misma ya no pensaba, parecía perfecto para saludarme todas las mañanas y sentir que más bien lo que decía era: "Hey, pequeña, todo ira bien, lo estas haciendo bien" 
¿Cómo haces para decir cosas sin decirlas?
Yo le dije algo importante, más o menos era así: "¿te imaginas? estar con alguien a quien casi no conoces y que de cualquier forma entienda sin que le tengas que decir nada..."

Oiga usted, quería decirle que me ha dejado los tickets de su transporte a su casa en Puebla, ya que se preguntó si es que había dejado algo importante en sus bolsillos de la prenda con la cual me cubrió anoche. Sí, en efecto usted dejó algo importante. Disculpe que los guarde en mi cajita de tesoros, no se me ocurre algo mas importante que cualquier cosa que represente físicamente el sitio donde usted creció y logró después formar el caballero que me tocó conocer este semestre en clase de francés. La prenda, la usé para ir por agua a la cocina esta noche, pues no podía dormir. Revolvi varias cosas para encontrarla, ya que en cuanto llegué de verlo ayer por la noche, lo primero qué hice fue guardarla en en clóset para que no perdiera su aroma. La busqué de entre los ganchos, lo hice porque pensé que me sentiría acompañada en la oscuridad, arropada nuevamente por usted y su voz... la verdad yo estaba desnuda, y aunque no sentía frío, quise encontrar su tenue y dulce olor en el cuello de la prenda. Si le acepté la prenda, también tengo que aceptar que fue un trato a cuenta: usted deja la prenda, pero a cambio debe volver aquí para exigirla, de modo que ha firmado un contrato sin saberlo, y tengo fe en que lo vendrá a arreglar conmigo. Mi fe es tan poderosa que creo que es posible que usted no se olvide de mí. Lo adoro más de lo que me ha dado tiempo de decirle, y menos de lo que podría llegar a hacerlo, por esto y otras cosas deseo que logre conocerme un poco más, para que comprenda desde mis ojos cómo el mundo lo ve a usted, por si es que se le olvida lo maravilloso que resulta su persona. Y por cierto: su nombre me suena a melodía. Quiero repetir la estrofa nuevamente, y si se puede, que sea muy bajito, muy cerca de su oído, mientras le revuelvo tiernamente su cabello. 
                                           Muy suya... 
                                                              V. 

domingo, 13 de enero de 2019

Descripción 3

Elizabeth, me recuerda a un campo de lavanda, tan colorido, tan intenso, tan sublime, pero a la vez delicado como cada una de sus flores que lo componen, casi como una niña sensible y frágil. Bajo el manto del Sol, ella ha demostrado su voluntad de hierro, entre las tinieblas nadó entre sombras frías y lúgubres imponiéndose sobre ellas, son sudor, sangre y lágrimas salió adelante. Ella no es solo un ser fuerte, también es uno muy inteligente. Tiene talento cognitivo y manual, sus manos crean y su mente se alimenta de conocimiento. Es lo más cercano a una diosa en términos poéticos. Por otro lado, la niña sensible convierte en mujer, una mujer intensamente apasionada, entregada, que genera deseos incontrolables a través de su voz, palabras y respiración. En su imponente forma de ser, entrega calor y cariño, dulzura en ese fuego místico. Protege con sus brazos y da placer con sus piernas. Aunque no es solo locura lo que entrega, también enseña, instruye un vasto conocimiento general que es magnífico escuchar todo lo que transmite su conocimiento cognitivo.

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